El factor limitante para la adaptación al emplazamiento es el periodo de mediciones en tierra disponibles. Dado que los modelos pueden presentar un rendimiento diferente en cada estación, el requisito básico para la adaptación al emplazamiento es que las mediciones, tras el control de calidad, cubran todas las estaciones.
En otras palabras, el requisito mínimo para la adaptación al emplazamiento es disponer de un año de mediciones; lo ideal sería contar con dos años o más. Esto evita el sobreajuste para una sola estación.
El supuesto básico para la adaptación al emplazamiento es la estabilidad de las correcciones (derivadas del período de mediciones sobre el terreno) a lo largo de todo el historial de datos del modelo. Evidentemente, se trata de una simplificación de la realidad.
La adaptación al emplazamiento debería ser capaz de reducir cualquier error sistemático presente en los datos originales del modelo; por lo tanto, uno de los pasos principales de la adaptación al emplazamiento es la inspección tanto de
1) las mediciones y
2) el modelo, en busca de posibles anomalías.
En el caso de los datos del modelo, se comprueba principalmente la estabilidad temporal, mientras que en las mediciones se buscan anomalías que puedan no ser representativas de todo el historial (por ejemplo, incendios forestales o efectos volcánicos).
Solo si se cumplen estas condiciones previas, se puede aplicar la adaptación al emplazamiento adecuada.
Además, si se dispone de mediciones de varios años, analizamos la estabilidad año por año de los indicadores de validación del modelo (por ejemplo, el sesgo o el RMSD).
Por último, la incertidumbre de los datos adaptados al emplazamiento tiene en cuenta el riesgo de sobreajuste, que se va atenuando a medida que aumenta el periodo de tiempo. Por lo tanto, la incertidumbre alcanzable de los datos adaptados al emplazamiento disminuye cuanto mayor es el periodo de mediciones disponibles.